Señor director de Norte:
Sr. Director de Norte:
Ante la pregunta, el Reverendo Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa, sacerdote madrileño y defensor de la tradición de la iglesia, en una entrevista (prod. Agnus Dei) responde con suma claridad:
Todas, por una razón, porque la Santa Misa Tradicional es obra de Dios, es inspiración del Espíritu Santo, autores desconocidos, otros conocidos que a lo largo de la historia de la iglesia han ido dando forma a este santo Misal.
Luego es obra de Dios ¿Cómo no va a ser excelente? ¿Cómo no va a ser una maravilla? ¿Cómo no va a ser enriquecedor aquello que Dios ha hecho?
Con esto ya es suficiente para que uno se asombre ante la misa tradicional, ante el misal tradicional, y como mínimo que lo respete por su antigüedad y por su autor. El Señor ha inspirado a los autores.
La excelencia está en que la misa tradicional es la verdad de Dios, la verdad de nuestra fe católica, la verdad de la Iglesia. La misa tradicional es como un autorretrato de lo que es la iglesia católica.
Uno viviendo la Santa Misa Tradicional, conociendo sus textos, estudiándolos, conociendo las rúbricas fundamentalísimas, conociendo el por qué de los gestos, de los movimientos, uno comprende la verdad de la Iglesia, comprende la verdad de la Iglesia católica que está allí, en simples gestos del sacerdote, en simples movimientos que hace; ahí hay una enseñanza clarísima de nuestra fe.
La Santa Misa Tradicional es la fe viva en actos, es la Iglesia en acto que está hablando, es la verdad de Dios que está hablando y nunca se podrá callar esa voz. La voz de Dios en la Santa Misa Tradicional seguirá hablando hasta el final de los tiempos, es Su misa, hecha por Él.
¿Objeciones? por desconocimiento, el latín.
El latín es fundamental en la Santa Misa Tradicional, no se concibe la santa misa tradicional sin el latín ¿por qué? porque no sólo es santo todo lo que ocurre en la santa misa tradicional, los gestos, las oraciones etc., sino hasta el idioma que se usa, hasta el idioma para dirigirnos a Dios ha de ser santo, no el idioma vulgar.
Cuando se usa la lengua vernácula, apartando el latín, se da el caso que en la misma lengua que pecamos y ofendemos a Dios, en esa lengua le alabamos; eso no ocurre con el latín. Al no ser lengua de uso, al desconocerlo, tiene ese privilegio, una lengua exclusivamente para alabar a Dios, no para ofenderle, motivo éste basta y suficiente para apreciar el latín, para respetarle. Y tiene otra característica el latín, ser la lengua sagrada en la que no sólo nos dirigimos a Dios, sino que Dios nos susurra a nosotros.
Cuando uno acude a la santa misa tradicional con humildad, con sencillez, el latín deja impreso en el alma del fiel un fervor que sin entender por qué su alma está elevada. Uno no ha entendido, sin embargo, sí que siente un calor interior, fruto de ese amor que Dios ha puesto en su alma ¿por qué? porque en la misa tradicional el sacrificio no se puede entender; …”es que no entiendo…”, es que nunca se podrá entender, a menos que sea una gracia de Dios al hombre.
La misa es realmente para meditar, meditar el misterio de la redención no para entender. Entonces cuando uno se queda sólo en lo externo, en los sentidos externos - …es que no entiendo este latín…- entonces nunca entenderá nada. Con el latín sí se llega a comprender más, porque el misterio del latín nos introduce en el misterio del sacrificio, y el alma se embulle en ese gran misterio de amor que fue la obra redentora del Señor. Y eso ¿qué hace?, pues que a lo largo de los siglos la Santa Misa Tradicional siga igual, gracias a las rúbricas que no se mueven, al latín que no se mueve tampoco.
Entonces la misa camina a través de los siglos igual, inamovible como igual es la Palabra de Dios, gracias a esta protección de la misa.
Gracias al latín, gracias a las rúbricas, el paso de los años hace que la misa siga igual, como igual es la Palabra de Dios, igual hoy como hace cinco, diez siglos y como será en el futuro; pues la santa misa tradicional es igual hoy, ayer y mañana como igual es la palabra de Dios y por eso le damos gracias al latín y a las rúbricas, que permiten que se conserve intacta la misa y que todos los cambios sean de una forma orgánica progresiva, no hay ruptura ni la había habido nunca en la santa misa tradicional.
Y otra cosa más, al mantenerse estable por las rúbricas y el latín la misa a través de los siglos, queda preservada de lo que vemos, de lo que ocurre hoy en la Iglesia, la preserva de la mundanización, la preserva del enemigo que siempre ha intentado e intentará destruir lo más sagrado de la Iglesia que es el sacrificio de Cristo.
Ahí está - con el latín y las rúbricas - la misa segura, protegida; nada ni nadie, ni dentro ni fuera de la iglesia podrá alterar la verdad.
Clara María González
Resistencia, 16 de febrero de 2022
Cartas al Diario Norte
