Señor director de Norte:
Ante la pregunta, el Reverendo Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa, sacerdote madrileño en una entrevista (Prod. Agnus Dei) responde:
Un sacerdote es como fueron los discípulos, un discípulo llamado por el Señor, es decir, es un siervo inútil que es sacado de la comunidad para ser sólo de Dios.
El sacerdote es sólo de Dios, sólo para Dios y desde Dios también para la comunidad.
Pero es esencialmente para Dios; es un elegido, un ungido, un discípulo elegido por el Señor. Y ¿qué debe ser, pues, a lo que estamos llamados los sacerdotes? Pues a reproducir en nuestra vida la vida de Cristo, a hacer lo que hizo el Señor en la tierra, hacer la voluntad del Padre.
¿Qué debemos ser? Pues otros cristos, frase muy usada pero cuya profundización nos hace temblar a los sacerdotes y también a los fieles porque sólo podremos ser otros cristos cuando a ejemplo de Nuestra Santísima Madre anulemos nuestra voluntad humana por la voluntad divina que eso fue lo que hizo el Señor, toda su voluntad era la voluntad del Padre, y así es la Santísima Virgen, toda ella es de Dios.
Entonces, y éso ¿cómo se materializa en la vida del sacerdote?: siendo fiel al magisterio, fiel a la tradición de la iglesia , fiel a la Palabra de Dios, fiel a la verdad de Dios, sin nunca anteponer criterios personales.
Y asi es el camino que debe seguir el sacerdote para ser un sacerdote santo.
La misión fundamental del sacerdote es hacer la voluntad de Dios, en el Santo Sacrificio de la Misa que es la columna que sostiene a la iglesia, que es el fuego que calienta y alumbra e ilumina la iglesia.
Y esa es la misión del sacerdote, su santo sacrificio diariamente haciendo la voluntad de Dios y transmitir la palabra de Dios ¿por qué? Porque en el sacrificio de la misa y en la Palabra de Dios está la salvación del mundo y de las almas.
Con la Santa Misa pedimos por la iglesia, por el mundo, por los pecadores, por la conversión de los pecadores; con la Palabra llevamos la Verdad de Cristo, la Verdad de Dios al mundo.
Somos testigos de Dios en el mundo, somos otros cristos en el mundo para fermentar ese mundo, para transformarlo porque el mundo tal como está no es como Dios lo creó.
Luego esa es nuestra misión: el santo sacrificio de la misa, la palabra de Dios, ser testigos de Cristo en el mundo.
